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lunes, 7 de enero de 2008

El Heredero del Trono de Brasil

¿Quién es el heredero del trono?

La cuestión de la legitimidad dinástica y del más apto heredero del trono

Aquí, lo monárquicos siempre conocíamos sólo un Príncipe Heredero del Brasil: Don Pedro de Orleans y Braganza. Pero con la victoria monárquica de lograr la convocatoria constitucional de un referéndum institucional, fueron muchos los que de repente se subieron al carro de la Monarquía. Aparecieron asociaciones monárquicas no coordinadas con los artífices parlamentarios alrededor de Cunha Bueno ni en contacto con los que mantuvieron la idea monárquica viva en tiempos de la "cláusula férrea" que prohibía toda actividad en favor de la Monarquía, como el IBEM de Río de Janeiro (Instituto Brasileiro de Estudos Monárquicos) del trágicamente fallecido Wim de Jesús Almeida Oliveira, precursor de Cunha Bueno. También reaparecieron príncipes que no contaban ya con la vuelta de la Monarquía.

Hemos, por tanto, a dos que representan la Casa Imperial del Brasil: Don Pedro Gastón y Don Luis. El primero es el primogénito del sucesor directo de Don Pedro II (línea primogénita), pero se da la circunstancia de que el padre de Pedro Gastón renunciara antes de tener descendencia, en 1908, renuncia que no está claro si fue aceptada por el Jefe de la Casa Imperial.

De este modo, pasó la Jefatura de la Casa Imperial al segundo hijo de la Princesa Isabel, Hija de Pedro II, Don Luis, de éste a Pedro Enrique, padre del actual Don Luis.

Según un exhaustivo estudio realizado por Armando Alexandre dos Santos, genealogista brasileño entendido en asuntos dinásticos, no hay duda de la legitimidad sucesoria de Don Luis.

Pero, a todas luces, tiene más inconvenientes que ventajas. En primer lugar, no está casado, no teniendo descendencia ni perspectivas de tenerla. Si esto no fuera ya bastante grave, cuenta con el apoyo de "Tradición, Familia, Patria", que financian su propio movimiento y habrán sido determinantes para su aparición en la escena pública. Está, por tanto, condicionado ideológicamente, una circunstancia que en el Brasil de hoy podría tener efectos negativos y que no concuerda con los valores que representa la Monarquía moderna.

Don Pedro Gastón, en cambio, siempre se ha caracterizado por su talante democrático y progresista. Y aunque de avanzada edad, cuenta con una numerosa descendencia que no pondría en peligro una sucesión ordenada al trono.

Este cisma legitimista, que no es muy conocido en general y no es tema de discusión pre-plebiscitaria, se trata de evitar con la propuesta realizada por el grupo de Cunha Bueno de que sea el Parlamento quien, ganado el referéndum por la opción monárquica, escoja el sucesor más idóneo. Una solución práctica, pero que resuelve un problema que podría ser muy grave y perjudicial para la restauración si se llegase a discusiones familiares sobre quién debe ser Rey.
(Publicado en Monarquía Europea N° 4 - 1991)

domingo, 6 de enero de 2008

Brasil '93: REGRESO AL FUTURO

[archivo - 1991]
Nota: Evidentemente no se optó por el futuro. El referéndum fue saboteado por las fuerzas republicanas al adelantarlo seis meses y celebrarlo en pleno verano, con ello se infrigió un precepto constitucional.

Queda apenas año y medio para que el pueblo brasileño pueda, por fin, decidir libremente si desea restaurar la Monarquía o seguir con la república, instaurada en 1889 mediante un golpe militar propugnado por los terratenientes contrarios a la abolición de la esclavitud y apoyados por los EE.UU. de América, entonces en pleno apogeo hegemonista. Con la abolición de la Monarquía terminó un período de progreso marcado por los avances en el desarrollo tecnológico y democrático del país gracias al feliz reinado del Emperador Don Pedro II, amado por su pueblo, un monarca excepcional que supo elevar el prestigio de su país en el mundo. La república, conociendo el sentir general del pueblo, nunca cumplió la promesa de celebrar un referéndum sobre la forma de estado: sabía que tenía que perder. Y la Monarquía tampoco interesaba a EE.UU., que preferían mantener en el poder a un régimen dictatorial servil que a un Emperador democrático y popular.

Hasta el golpe militar del 15 de noviembre de 1889, Brasil venía atravesando 67 años de estabilidad, superando graves obstáculos. Era un fuerte contraste con todas las repúblicas hispanoamericanas, donde regímenes republicanos "democráticos"
ensayaban una sucesión interminable de caudillos y revoluciones, un cuadro hasta hoy vigente y ampliada con la entrada de Brasil en esta malograda forma de gobierno.

Es sintomático que, al saber de la partida de Don Pedro II, el dictador venezolano Guzmán Blanco había afirmado: Cayó la única república de América Latina".

En un entorno totalmente diferente, Brasil superó gallardamente el período marcado por la minoría de edad de Don Pedro II. Subido al trono con menos de 16 años de edad, el segundo monarca del Brasil comenzó a ejercer el poder moderador cuando era poco más que un adolescente; pero la solidez del régimen monárquico parlamentario permitió que el inicio de su reinado transcurriese sin mayores problemas. Vale recordar que durante el Segundo Reinado, con la Guerra del Paraguay, Brasil atravesaría más tarde uno de los períodos más difíciles de su historia.

Durante el reinado de Don Pedro II, Brasil era una nación próspera y progresista, que contaba con una moneda fuerte y la segunda fuerza naval más importante del mundo. Su estabilidad político-institucional era respetada por todas las naciones de América, desde los EE.UU. hasta Argentina. Disfrutaba el país de una auténtica democracia, donde, entre otras cosas, reinaba completa libertad de expresión y de imprenta. Es hasta una ironía constatar que fue justamente en este clima ampliamente apoyado por el propio Emperador, que eran ampliamente diseminadas las ideas republicanas que desembocarían en el golpe militar del 15 de noviembre de 1889.

En este país-continente, la Monarquía constitucional y parlamentaria consiguió el milagro de formar una única nación, coherente, con una absoluta identidad de rasgos culturales. El segundo Emperador inspiraba el cariño y la admiración de todos: cuando sugerían al presidente estadounidense Abraham Lincoln que escogiese entre el Rey de Italia o el Presidente de Suiza para mediar en le Guerra Civil Americana, Lincoln declaró que, si fuese el caso, preferiría llamar al Señor Don Pedro II de Brasil.

El golpe militar del 15 de noviembre de 1889 impuso al país una nueva forma de gobierno sin cualquier consulta a la nación.

En noviembre de 1889, el Mariscal Deodoro da Fonseca, en su Decreto nº 1, declaró provisionalmente instituida la república, hasta la celebración de un plebiscito por el cual el propio pueblo determinaría si aceptaba la nueva forma de gobierno o si prefería mantener la Monarquía constitucional que venía rigiendo los destinos del país desde la Independencia.

Vale, quizás, recordar aquí que la noticia de la "Proclamación de la República" fue cuidadosamente camuflada para así evitar reacciones populares. Es significativo que el embarque de Don Pedro II para su exilio fue realizado de madrugada, para que el pueblo no tomara conocimiento: era, en suma, la admisión tácita de que se acababa de practicar una inmoralidad, una agresión a los legítimos derechos y sentimientos del pueblo brasileño.

Gracias al trabajo desarrollado del Diputado Federal Cunha Bueno y de un grupo de otros brasileños que no consideran el patriotismo una virtud extinguida, la nueva Constitución brasileña prevé, en la Disposiciones Transitorias, el plebiscito que tendrá lugar el 7 de septiembre de 1993 a fin de que el pueblo brasileño decida por sí mismo la opción que juzgue es la mejor forma de gobierno para su país: si desea realmente proclamar la república, legitimándola, aunque con 104 años de retraso, o si prefiere escoger la Monarquía constitucional y parlamentaria.

Para alcanzar la victoria en 1993, es imperioso que todos los monárquicos unamos esfuerzos para el fin común: divulgar con profesionalidad y conocimiento de causa lo que representa la Monarquía y lo mucho que Brasil puede esperar de esa moderna y eficiente forma de gobierno.

Movimento Parlamentarista Monárquico

Brasil: El gran Reino del tercer milenio


por R.N. Stelling Jr. (Brasil)


Hace ya mucho tiempo que difundo, entre los círculos que frecuento, mi absoluta preferencia por el sistema monárquico, y frecuentemente, lo que oía y percibía era un cierto descrédito de que mis opiniones pudieran tener alguna viabilidad en nuestro país.

Los años pasaron, y gracias a la iniciativa de nuestro querido Diputado Federal, el sr. Cunha Bueno, asistimos dentro del proceso de desarrollo histórico de nuestro país, al inicio de la reversión de este cuadro, o sea, paulatinamente he podido percibir en diferentes sitios que la Monarquía no parece ya algo "folclórico", nostálgico, en el sentido de pasado y no más viable.

Creo que muchas personas adeptas a esta idea, no tienen realmente espacio para poder exteriorizar todos sus anhelos e pensamientos. Aquí mismo podemos hacer una valoración. ¿Qué república tan segura y tan democrática es ésta que durante prácticamente 100 años prohibió la libre manifestación de opciones políticas salvo aquellas que tuvieran afinidades republicanas? Acordémonos de la Monarquía en Brasil, en especial del Segundo Reinado, donde, por orden del mismo Emperador, ni siquiera los periódicos que lo ironizaban sufrían sanciones. ¡Ah! Grandes tiempos ... Pero no nos limitemos sólo al pasado, pues ahora tenemos un nuevo momento histórico en el cual podremos realmente "arreglar la casa", o mejor dicho, podremos, con la implantación del sistema monárquico, organizar de una vez este nuestro país tan deteriorado por 100 años republicanos de desgobierno, corrupción, desvirtuación de declaraciones, falta de compromiso con la causa pública ...

Por parte del Gobierno actual, se nos cuenta insistentemente que estamos en camino del 1er Mundo. Nos parece hasta anecdótico si pensamos en los tiempos en que Brasil era una Monarquía, cuando nos sentíamos orgullosos del esplendor y del respeto que nuestro país merecía en el exterior: segunda fuerza naval del mundo, gran desarrollo cultural apoyado directamente por nuestro gobernante, nuestro Emperador Don Pedro II, tan ligado con las áreas de la ciencia y de la cultura en su calidad de corresponsal de grandes celebridades intelectuales de la época, partícipe de los progresos de su época.

Sí, estábamos dignamente representados y el Brasil era un palco en el cual las invenciones modernas de la época se colocaban subrayando nuestro desarrollo y nuestro compás con las Grandes Potencias, entre las que nos perfilábamos, disponiendo en corto tiempo de ferrocarril, teléfono, cables submarinos, etc.

Decía que no hablaría más del pasado, pero, a medida que escribo, parece que me pasa por la mente toda la grandeza nacional que me acredita y me honra como ciudadano de este país, y creo con firmeza, como futuro súbdito. Hombres de la talla de un Rui Barbosa eran los que se introducían en todos los niveles de la nación como personalidades destacadas y que hasta las primeras décadas de este siglo fueron producto de la "atmósfera" y de los incentivos que tuvieron en el período Imperial.

Más que nunca ha llegado la hora de que reconduzcan el gobierno del Brasil nuestros legítimos representantes frente a la comunidad internacional de las naciones: la Dinastía de la Casa de Orleans y Braganza.

Necesitamos con la máxima urgencia retomar nuestro crecimiento económico respaldados por una credibilidad internacional y nacional. Por lo tanto, solamente una personalidad que se sitúa por encima de los partidos y de los intereses de grupo, pero que sea el fiel de la balanza de la comunidad nacional, nos podrá garantizar la necesaria estabilidad de la que tanto carecemos.

En 100 años de desgobierno y sucesivos atentados contra todos los patrones de honradez pública, nuestro pueblo, paso a paso, comenzó a no creer en sus líderes (si es que aún tenemos alguno de proyección nacional), pues percibo y se percibe que la situación empeora cada día, que en lo cotidiano las leyes que deberían protegernos no lo hacen, sino solamente a las personas y grupos que hacen prevalecer sus posiciones para obtener ventajas o que disfrutan de diversos tipos de inmunidades .

El restablecimiento de la Monarquía nos garantizará ciertamente este arbitro tan necesario, pues la figura del monarca no debe representar a personas o grupos, sino simboliza el conjunto, a todos los miembros del país con sus valores e identidades propias. Esta es una de las glorias de la Monarquía en la actualidad. Sus soberanos son el ejemplo vivo de los derechos que sus leyes nacionales les garantizan.

Este es un punto fundamental: el dejar siempre claro que el monarca asume un papel histórico en el proceso evolutivo de la sociedad sobre la que impera, pues él es, en realidad, el gran símbolo de la autodeterminación, de la dignidad y de la certeza de la riqueza económica, política y cultural de una nación soberana.

Aquí reitero una vez más, insistiendo y clamando a todos a que luchen por ver a nuestro país en 1993 salir vencedor con la opción monárquica.

Ha llegado la hora de dejar de lado cualquier tipo de dubitación; es hora de desplegar nuestra bandera, clamando a todo nuestro pueblo, de las más diversas clases sociales, de diversos orígenes, grados de formación y profesiones, para marchar juntos en una cruzada cívico-histórica en pro de un Brasil mejor, de un Brasil que garantiza para sus hijos honra, derechos, paz, esfuerzo, educación, salud, vivienda, soberanía y una digna posición frente a los demás pueblos del mundo. Seamos de verdad el tan difundido "FLORON DE AMERICA", seamos, pues, aliado de un solo sentido histórico, él de la Verdad. Si así optamos, sólo una puede ser nuestra voz, y gritaremos al unísono: "¡Retorne la Monarquía, retorne nuestra dinastía de los Orleans y Braganza, retorne Brasil a su antigua posición digna dentro de la comunidad internacional de las naciones, retorne Brasil a contemplar a sus hijos con los ojos bondadosos, no obstante justos, de aquella madre, consejera y amiga que sabe como mejor orientar y auxiliar a sus hijos para que un día puedan ser hombres comprometidos con un mundo en
permanente cambio bajo el signo de la justicia!"
(Publicado en Monarquía Europea N° 4 - 1991)