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sábado, 11 de enero de 2014

La Infanta imputada o La confusión intencionada del significado de la Monarquía


Abundan estos días los artículos sobre y, ante todo, contra la Infanta Doña Cristina y contra la Monarquía en España.
Desde que apareció el caso Noós como asunto colateral del asunto Palma Arena, un caso de corrupción política de mucha más envergadura que la empresa del consorte plebeyo de la Infanta, no han parado las filtraciones -sin duda intencionadas- para perjudicar la imagen de la institución monárquica española. Y resulta bastante lamentable la falta de seriedad de muchos periodistas en el asunto de la Infanta Doña Cristina. Sobre todo el debate nada objetivo sobre si se debe o no imputar a la Infanta en relación con las operaciones comerciales de su cónyuge parece haberse convertido en fuente inagotable para los sectores antimonárquicos -bastante minoritarios, pero con mucha capacidad de hacerse oír- para arremeter contra la institución monárquica que nada tiene que ver con los negocios de un particular y mero miembro político de la Familia Real. 
En todo este debate se mezclan muchos conceptos. La Infanta Doña Cristina no es la Monarquía, sólo es una hija del Rey. En la Monarquía sólo existe un titular de la Corona: el Rey, mientras que al  Príncipe Heredero corresponde un lugar destacado y relevante, porque va a suceder al Rey cuando llegue el momento. En cambio, las hijas del Rey forman simplemente parte de la Familia Real, sin funciones constitucionales. La Monarquía es la forma de estado, y la Corona representa al estado. Las Infantas son personas privadas, y sólo actúan en nombre del Rey en representación de éste en actos de menor importancia, lo que es la única circunstancia cuando adquieren relevancia pública.
Por su parte, el Rey siempre ha cumplido con sus obligaciones constitucionales.

Lo triste del asunto Urdangarín es el interés político que algunos funcionarios de Justicia parecen tener cuando no hacen más que querer implicar a toda la Casa Real en un caso en el que se trata de negocios del consorte de la Infanta Doña Cristina que éste hizo aprovechándose de su posición privilegiada, incluso después de haber sido advertido por la Casa Real de no hacerlo. El error del Rey fue no haber parado en seco las operaciones comerciales de su yerno con algunos estamentos políticos, desarrollando un comportamiento nada ejemplar. Pero no olvidemos que Noós es un asunto colateral de Palma Arena y que las responsabilidades son de los políticos que adjudicaron contratos a Urdangarín sin respetar los procedimientos habituales. Al menos, este parece ser el caso, pero todo siguen siendo especulaciones mientras no se haya celebrado el juicio correspondiente y se haya dictado sentencia firme. Los medios de comunicación y algunas partes de la ciudadanía, sin embargo, ya parecen haber sentenciado no sólo al consorte de la Infanta, sino a la misma Infanta, al Rey y a la Monarquía sin diferenciar en absoluto entre estado, Corona y los diferentes asuntos judiciales.
Ahora que el juez ha decidido imputar a la Infanta Doña Cristina, nuestra valoración lógicamente es de respeto a la decisión judicial, si bien no podemos compartirla, pues estamos de acuerdo con la fiscalía, Hacienda, la Abogacía del Estado y las defensas de las partes de que no se puede imputar a nadie sólo con meros indicios y sin pruebas, y como dijo el fiscal, no se puede imputar a nadie por lo que es, sino por lo que ha hecho. El juez Castro dice que sólo quiere oír a la Infanta, pues si eso fuera verdad, la habría llamado en calidad de testigo y no como imputada.
Se ha dicho por activa y por pasiva que la ley es igual para todos. Nosotros como Asociación Monárquica Europea nos preguntamos: ¿Se habría investigado con tanto celo una situación similar si en lugar de tratarse de la Infanta Doña Cristina hubiera sido una ciudadana cualquiera? La ley en este caso parece más igual para unos que para otros. Si se demuestra con pruebas que la Infanta ha cometido algún delito, la Ley debe caer sobre ella con todo su peso, pero con pruebas irrefutables. De todos modos, tanto ella como su marido ya están condenados social y mediáticamente aunque salgan absueltos.

La Infanta en todo caso puede declarar como testigo, no como imputada, ya que las empresas fueron gestionadas por su marido y el socio de éste. Todo esto no tiene que ver ni con la Monarquía ni con el Rey, sino con los intereses de unos políticos corruptos que presumiblemente esperaron obtener prebendas muy particulares de estos negocios - o tal vez sólo querían decorarse con cierto glamour monárquico, quién sabe.
Aún más lamentable son filtraciones en toda la fase de instrucción y que la instrucción lleve ya casi 3 años sin que se haya llegado a celebrar ningún juicio. Como dijo muy acertadamente el Jefe de la Casa Real, esta prolongación inusitada de la fase de instrucción sin celebrar juicio es un martirio - y lo es no sólo para la Casa Real, sino para toda la sociedad. El juez parece prolongar aposta un procedimiento que debería ser bastante más corto. Pero la Justicia en España nunca se ha caracterizado por su rapidez y eficacia, mientras contrasta mucho con los sistemas judiciales de otros países donde no es normal que algunos jueces se hagan célebres por sus actos, caracterizados en algunos casos por unas tendencias políticas concretas. No es normal, desde nuestro punto de vista, cómo se ha desarrollado la instrucción, con continuas filtraciones, curiosamente siempre al mismo periódico. Filtraciones que casualmente tampoco se han investigado; ha habido reuniones del juez con la abogada de la acusación particular, grabadas y publicadas por un medio de comunicación que cuestionan seriamente la imparcialidad de la instrucción; publicación de correos electrónicos impresos en papel que nada aportaban al núcleo duro de las investigaciones, pero que servían para destruir la imagen de la Infanta y su entorno familiar y que el juez dio por buenos sin molestarse en investigar el soporte informático de los mismos, etc., etc.

En este tema, muchos periodistas, políticos, autodenominados expertos y ciudadanos en general, dan por sentado que hay presiones para que la Infanta salga indemne, pero todos dan también por sentado que no hay esas mismas presiones en sentido contrario y dan por buena esa “curiosa” instrucción del caso. Aceptan y aplauden entusiasmados al juez, que parece tener tan claro el papel de la Infanta, que necesita más de 200 folios para intentar justificar su postura, aplauden que la imputación solo esté sustentada por la opinión subjetiva del juez, el sindicato ultraderechista Manos Limpias, cuyas caras visibles son Miguel Bernard, ex líder del desaparecido Frente Nacional e imputado por coacción y estafa como recoge hoy ABC; la abogada del mismo sindicato, Virginia López, que fue pillada de copas con el juez Castro, y el mismo medio de comunicación beneficiado con las filtraciones y cuyos titulares de prensa sobre el caso están más cerca del sensacionalismo que de la información.

En cambio, se critica muy duramente, se ven tejemanejes y presiones tras la decisión del fiscal del caso, de la Fiscalía General del Estado, de la Abogacía del Estado y de Hacienda al rechazar la imputación. Se da más credibilidad a un juez que hasta ahora sólo se ha movido entre indicios y suposiciones, a un ultraderechista imputado por estafa y a su abogada y a un medio supuestamente independiente que a organismos e instituciones como los mencionados.

Lo más llamativo es la falta de criterio al tratar los diferentes asuntos y el aparente desconocimiento del funcionamiento y la composición de muchas instituciones. Monarquía significa "gobierno de uno", lo que aplicado a los tiempos presentes se podría traducir con "reinado de uno". Es decir, la Monarquía no la representa una multitud (toda una Familia Real), sino el Rey y nadie más que el Rey.

La ventaja de la Monarquía es que la familia del Rey puede asumir la representación de éste si así lo decide, pero eso no cambia nada respecto de la titularidad de la Corona, que corresponde a UNO, no a todos. La Reina y las hijas del Rey forman parte de la cara visible de la Monarquía, pero ellas no son la Monarquía. Los consortes de las infantas ni siquiera son representantes auténticos de la Familia Real, son anexos irrelevantes de la Familia Real sin llegar a ser realeza.

Vimos muy bien cuál es el diferente trato que recibe el Rey como titular de la Corona y jefe de estado y cuál es el trato que recibe el Príncipe Heredero. Cuando el Rey no pudo asistir a la Cumbre Iberoamericana se dijo claramente que el Príncipe no podía sustituir al Rey como jefe de estado. Entre otras razones el problema reside en que no hay Ley Orgánica que regula el funcionamiento de la institución monárquica, y al ser el Rey el único representante legítimo de la Monarquía Española (= del estado), sus funciones no pasan automáticamente a otros miembros de la Familia Real, ni siquiera al Príncipe Heredero. De hecho, vimos que Don Felipe representó al Rey en la Cumbre Iberoamricana, pero sólo en algunos actos, no como jefe de estado, mientras tuvo que complementar su viaje con otros actos representativos de tipo cultural o económico. Por lo tanto, si ni siquiera el Príncipe puede asumir las funciones del Rey, menos aún lo pueden hacer las Infantas, por mucho que estén en la línea de sucesión (lo que de por sí no significa más que un más hipotético que efectivo derecho a suceder al Rey si faltasen todos los sucesores intermedios. Consecuentemente, no se puede confundir la Monarquía con la Infanta Doña Cristina. La Monarquía es el estado y al estado lo representa el Rey como jefe del estado.

Por consiguiente, los negocios del consorte de la Infanta los hizo un particular que hizo mal uso de su posición privilegiada y de los contactos que esta posición le permitía establecer gracias a su matrimonio con una hija del Rey. Los negocios no los hizo el Rey (la Corona) ni la Monarquía (el estado).

Y sin venir a cuento, se especula constantemente sobre una eventual abdicación del Rey, que evidentemente se quiere poner en relación con el asunto Urdangarín, como si se estuviera deseando desestabilizar a la Monarquía para echarle toda la culpa de todos los males que sufre España, cuando estos males son responsabilidad única y exclusiva de la clase política gobernante y que en nada cambiarían si se acabase con la Monarquía, que es la única garantía de mantener la unidad nacional, la estabilidad política y el prestigio internacional que la clase política ha ido arruinando legislatura tras legislatura.

Por más que algún político y periodista se emocione o se frote las manos pensando en la abdicación del Rey o la caída de la Monarquía, ésta seguirá, porque la opción republicana tiene una historia muy negra por más que ahora esté de moda manipular aquel período histórico para pintarlo de rosa, pero que en realidad tuvo mucho de terrorífico y poco de democrático y que nos llevó a una guerra civil y a una dictadura. Si el Rey aguantó en la Transición entre la extrema derecha, la extrema izquierda y la crisis económica, hoy hará lo mismo y mejor, porque cuenta con el Príncipe, un hombre muy preparado, mientras nuestra clase política oscila entre la mediocridad, la falta de sentido de Estado y la estulticia.

¡Larga vida al Rey!

lunes, 3 de septiembre de 2012

Las monarquías se casan con el pueblo

por Amadeo-Martín Rey y Cabieses

SS.AA.RR. los Príncipes de Prusia, ejemplo de un matrimonio real tradicional.

Los reyes han bajado del pedestal y se desposan con plebeyas. El de Letizia es sólo un caso más de una tendencia creciente en Europa. 

 Si uno repasa las bodas de los actuales príncipes herederos de las monarquías europeas reinantes, comprueba que, salvo en el caso del príncipe heredero Alois de Liechtenstein –casado en 1993 con la princesa Sofía de Baviera–, el resto de herederos de los tronos que aún sobreviven en nuestra vieja Europa han enlazado con personas no pertenecientes a lo que ha venido en llamarse el círculo de la realeza, es decir, el compuesto por las familias soberanas –reinantes o no– o las correspondientes a Estados mediatizados, es decir, los que perdieron su soberanía a principios del siglo XIX tras el establecimiento de la Confederación del Rin por Napoleón I y la posterior abolición del Sacro Imperio Romano Germánico que llevó al reconocimiento en el Congreso de Viena de la igualdad de nacimiento de los príncipes de familias soberanas y mediatizadas. 

Esa tónica de matrimonios desiguales o morganáticos es considerada por muchos como signo de modernidad y una especie de seguro para la pervivencia de la monarquía en tiempos tan avanzados. Existen teorías que propugnan que, puesto que es bueno acercarse al pueblo, conviene casarse con él para ser más respetado y hasta ensalzado por el mismo. 

Sin embargo, la historia está repleta de monarcas cercanos y amados por su pueblo que casaron conforme a las reglas propias de sus respectivas casas. Las mencionadas teorías defienden además que no hay nada que supere el sentimiento –de amor– y que ese amor sentimental será el que afiance la pareja con el consiguiente beneficio para la monarquía y la Nación, libre ya de los artificiales matrimonios de Estado. 

Hoy en día hay algunos príncipes de casas reinantes que se han casado con miembros de la nobleza –que no realeza–, como Felipe de Bélgica, pero la mayoría han optado por otro tipo de matrimonios, primando el enamoramiento sobre el respeto a la tradición nupcial de sus respectivas dinastías. 

Matrimonios morganáticos

Es el caso de Federico de Dinamarca y Mary Donaldson; de Victoria de Suecia y Daniel Westling, de Guillermo Alejandro de Holanda y Máxima Zorreguieta… En parte, la causa de esta tendencia, iniciada ya en la generación anterior –Margarita II de Dinamarca con Henri de Laborde de Monpezat, Harald V de Noruega con Sonia Haraldsen, Carlos XVI Gustavo de Suecia con Silvia Sommerlath, Beatriz de los Países Bajos con Claus von Amsberg…–, está enraizada en la idea de considerar que una de las pocas y serias obligaciones que tiene un príncipe heredero –que es casarse conforme a las necesidades de la Corona y a la historia de su Casa– es algo baladí que debe ser superado por el amor que se cree –erróneamente– incompatible con matrimonios conformes con esas seculares tradiciones. 

¿Habrá acaso quien defienda que Alfonso XII no amó a su prima y esposa María de las Mercedes de Orleáns? ¿O que Alfonso XIII no se casó enamorado de la princesa Victoria Eugenia de Battenberg aunque luego acabaran separados? No obstante, fueron matrimonios conforme a las normas de la Casa de España –como lo fueron el de los Condes de Barcelona, don Juan y doña María, y el de los actuales Reyes de España–, a pesar de que en el caso de Victoria Eugenia fuera elevada in extremis por su tío Eduardo VII de Inglaterra al rango de alteza real poco antes de su boda en 1906. 

Olvidan que la monarquía es fundamentalmente una institución basada en la herencia, en la historia, en añejas tradiciones y en el respeto a ciertos deberes que son el fiel de la balanza de otros tantos privilegios. 

Hoy en día todos los monarcas reinantes en Europa –y la mayoría de los no reinantes– son primos entre sí, excepción hecha de los copríncipes de Andorra y del Papa. Ese parentesco lleva camino de diluirse tanto que en pocos lustros será casi una entelequia. Cercenar usanzas tan arraigadas como son los matrimonios entre quien ha de ocupar un trono y quien ha sido educado para entender en toda su dimensión la importancia de ese mismo trono puede ir en contra de su perdurabilidad.

* Doctor en Historia. Académico Correspondiente de la Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía. Miembro de la junta directiva de la Asociación Monárquica Europea

miércoles, 28 de diciembre de 2011

S.A.R. el Príncipe Don Felipe como ejemplo

por C. Sánchez-Vicente 


La inmensa mayoría de los servidores públicos 
no va a forrarse, sino a servir.

Tras una ovación, posiblemente la más larga y cerrada que ha recibido en el Congreso desde el 23-F, el Rey se dejó ver y querer ayer en los corrillos junto con el Príncipe de Asturias, citado por Don Juan Carlos como ejemplo de lo que sí debe ser y parecer cualquiera que vista un cargo institucional en los discursos de las dos grandes solemnidades que han coincidido en estas fechas, Nochebuena y la Apertura de la Legislatura. Su llamamiento a no generalizar a todos los servidores públicos, la escasa ejemplaridad de los saqueadores o de los aprovechateguis fue más que oportuno. Sonó, o así me lo pareció a mí, a venda preventiva de la herida del caso Urdangarín; pero tiene razón.

En los casi 30 años que llevo haciendo información política he tenido ocasión de comprobar que la inmensa mayoría de los servidores públicos de nuestro país no va a forrarse ni a servirse, sino a servir, vaya esto por delante. La inmensísima mayoría. El reproche que, en mi opinión, cabe hacerle a Don Juan Carlos, en este caso, es que ha tardado más de lo deseable en defenestrar familiarmente a su yerno y dejarle al pairo de lo que decidan los Tribunales; dos cosas que debía hacer y que en Nochebuena y ayer ha hecho, poniendo como ejemplo a seguir el que tiene en su casa: la honradez y la actitud del Príncipe Felipe.

En el cesto de la cosa pública hay, sin duda, más manzanas podridas de las deseables; el corporativismo es lo que retrasa habitualmente el momento de tirarlas al cubo de la basura.
Urdangarín, el Duque consorte de Doña Cristina, todavía no sabemos si reúne méritos para figurar en la casilla de los saqueadores: los jueces dirán, y, hasta entonces, que le ampare, como a cualquier otro ciudadano, la presunción de inocencia. En la de los aprovechateguis, sin embargo, figura, me temo, desde hace años, más de los que debiera, y por derecho.

Fuente: La Gaceta



La Corona y la Nación


Con el discurso de apertura de la X Legislatura, Su Majestad el Rey dio continuidad a su mensaje de Navidad y reiteró el compromiso de la Corona con la unidad nacional, las víctimas del terrorismo y los esfuerzos por salir de la crisis económica. El contenido de los discursos de Don Juan Carlos esta semana no ha sido protocolario ni testimonial. Se ha basado en ideas muy concretas sobre la actitud de la Corona hacia los graves momentos que atraviesa la sociedad española, con claras apelaciones a la honradez de los cargos públicos y el respeto que deben merecer las instituciones, aun a pesar de comportamientos individuales concretos que constituyen delitos de corrupción o, sin ser delictivos, no se corresponden con la ética esencial que cabría esperar de sus autores. Su Majestad ha sido muy consciente del alcance de sus palabras en la polémica provocada por las actividades profesionales de su yerno, Iñaki Urdangarín, que se hallan bajo investigación judicial.

Los nuevos parlamentarios inician su actividad en este mandato con una apología de Don Juan Carlos a la Constitución de 1812, ante su inminente segundo centenario. Aquella Constitución de Cádiz dio carta de naturaleza a la Nación española, como titular de la soberanía, y convirtió a los españoles en ciudadanos, para dejar de ser vasallos. No es vano este recuerdo de «La Pepa» precisamente ahora, cuando más se necesita la unidad de los españoles para superar la crisis y más esencial es la puesta en marcha de proyectos de cohesión nacional, frente a los particularismos locales que van contra los tiempos de globalidad y convergencia entre Estados. La recuperación del sentido nacional de la política es uno de los grandes desafíos de Mariano Rajoy, y no le faltarán ocasiones para comprobarlo. Ayer mismo, el Gobierno de la Generalitat catalana, empeñado en arrancar del Ejecutivo de Madrid el pacto fiscal, aprobó una reforma legal para convocar consultas populares sin la previa autorización del Estado central. Es un episodio más del pulso permanente de los nacionalismos —el vasco ya ha anunciado el suyo soberanista para 2015— frente al que se hace indispensable iniciar un proceso de reforzamiento del Estado, tanto en sus instituciones centrales como en la legislación necesaria para asegurar los principios de igualdad y solidaridad. La Corona, nuevamente, representa la continuidad y unidad del Estado y la Nación, por encima de alternancias de gobierno y de contiendas partidistas, todas ellas legítimas, pero sobre las que debe existir una institución unificadora, como la que encarna Don Juan Carlos.

Fuente: ABC


domingo, 25 de diciembre de 2011

La Corona: las anécdotas y la categoría


Foto En 1947 se aprobaba en España, después de someterse a referéndum, la Ley de Sucesión, que conseguía algo inédito hasta entonces en la historia de derecho político: definir un Estado como Reino, sin que  tuviera -ni pensara tener a corto plazo- rey. La alternativa obligaba: si no se es reino, se es república, sinónimo, para los dirigentes del Régimen, de  desorden y ruptura.

Carrero, que es el gran promotor de esta idea, lo explicó con profusión en los informes que enviaba a Franco y que  recoge su colaborador López-Rodó en su obra La larga marcha hacia la Monarquía. Para Carrero esa Monarquía era -lo repite siempre- la Monarquía "tradicional y católica" (no la "tradicionalista" de los carlistas, que era otra cosa), ya que Monarquía liberal, para Carrero y Franco, era la antesala del parlamentarismo y, a corto plazo, del comunismo. La persona elegida para ser titular de esta sucesión era no como hubiera sido en un orden natural sucesorio Don Juan de Borbón, sino su hijo Don Juan Carlos.

¿Qué proceso se desarrolla en la reservada mente de Franco para que se produzca esta elección? Ésta es una cuestión que algunos historiadores siguen debatiendo. El hecho  documentado es que Don Juan, como su padre Alfonso XIII, se identifica claramente con el Alzamiento y apoya al bando nacional; pero, a partir del llamado manifiesto de Lausana (1945) Don Juan plantea un proyecto político para España que supone una democracia liberal (otro misterio para mí que es que mentes tan alejadas del liberalismo como las de Vega Latapie, Pemán o Sainz Rodríguez, pudieran inspirarle este manifiesto).

Después de estas vicisitudes históricas, con un procedimiento poco habitual, Don Juan Carlos se ve proclamado Rey. Desde el punto de vista legal, como Jefe del Estado, hereda todo el poder de Franco. Las leyes fundamentales siguen plenamente vigentes después del 20 de noviembre de 1975. Lo único que cambia la Ley de 1947 es al titular de la magistratura máxima del Estado, pero nada de su estructura ni funcionamiento absolutamente personalizado en la Jefatura del Estado que acumula prácticamente todos los poderes.

A partir de ahí, hay una clara voluntad de la Corona por llevar a España a otro tipo de régimen. Confluyen aquí varios condicionantes. Primero, la misma lógica de las cosas y la madurez de la sociedad española; luego, el apoyo internacional y, además, la voluntad de un sector mayoritario del Régimen que ve el cambio como lógico y deseable. A ello hay que añadir la contestación interior y la acción de la oposición. Se produce, así, la Ley de Reforma Política (cuyo inspirador principal es un hombre cercano al Rey, Torcuato Fernández Miranda) y el consiguiente proceso que culmina en la Constitución de 1978, dirigido por Adolfo Suárez, presidente, antes de serlo por elección democrática,  por designación directa y personal de Don Juan Carlos.

Todos estos hechos sobradamente conocidos nos recuerdan la vinculación directa, en su origen, de nuestro sistema democrático con la Corona. Una Corona -no lo olvidemos- que acumula en un momento dado unos poderes -los de Franco- casi ilimitados, que para sí hubieran querido los reyes del Ancien Régime y que se despojó de ellos voluntariamente porque consideraba que era lo que le convenía a España. Luego, tres años más tarde, la Constitución de 1978 legitima a la Corona y le da cobertura legal; pero este hecho es posterior. Desde un punto de vista jurídico-formal, y diríamos que cronológico, la democracia deriva de la Corona y no al contrario.

Una vez aprobada la Constitución y fijadas las funciones del Rey, hay que decir que éste las ha cumplido escrupulosamente, sirviendo de aglutinante a un país que tiene tantas tentaciones centrífugas y representando la continuidad de la historia de España, además de proyectando nuestra imagen en el exterior, especialmente en la comunidad hispanoamericana. La Corona  representa en España un ser nacional, que es legado histórico y proyección de futuro. En otras naciones, estos valores tienen un carácter más abstracto y se solidifican en los signos (bandera, himno), en creencias (patriotismo, actitud de sacrificio, orgullo por el patrimonio común). En España todo esto se personaliza en el Monarca y la institución. Aquilino Duque ha escrito con agudeza: "Un presidente de la república es una abstracción y un rey es una metáfora". ¿Puede en España pasarse de la concreción a la abstracción sin trauma, sin violentar nuestra tradición histórica?

Usando la distinción dorsina, no tiremos por la borda, a causa de anécdotas de revistas del corazón o por debilidades humanas (que no son irreversibles, porque la ley está para aclararlas y, en su caso, corregirlas), la categoría de  un  patrimonio histórico tan valioso.


domingo, 11 de diciembre de 2011

Urdangarín cede a las presiones del Rey para salvar la imagen de la Corona

José L. Lobo 11/12/2011  (06:00h)


Urdangarín cede a las presiones del Rey para tratar de salvar a la Corona
Iñaki Urdangarín ha vuelto a dar la cara. Presionado por el Rey y acorralado por la avalancha de informaciones periodísticas sobre su supuesto enriquecimiento ilícito, el yerno de Don Juan Carlos lamentó ayer públicamente el "grave perjuicio" causado a su familia y a la Casa Real con sus "actuaciones profesionales". Si hace un mes se limitó a defender su "honorabilidad e inocencia", esta vez el duque de Palma ha tratado de salvar la imagen de la Corona desvinculándola de sus negocios, pero sin admitir la menor irregularidad durante su etapa al frente del Instituto Nóos.


Al igual que hiciera el pasado 11 de noviembre, Urdangarín se puso ayer en contacto con la delegación de la agencia Efe en Washington para romper por segunda vez su silencio. "Ante la acumulación de informaciones y comentarios aparecidos en los medios de comunicación relativos a mis actuaciones profesionales", afirma el marido de la infanta Cristina de Borbón, "deseo puntualizar que lamento profundamente que los mismos estén causando un grave perjuicio a la imagen de mi familia y de la Casa de Su Majestad el Rey, que nada tienen que ver con mis actividades privadas".

Asesorado por su recién nombrado abogado defensor, Mario Pascual Vives, Urdangarín pone buen cuidado en aclarar que ese "grave perjuicio" no lo ha provocado ni su presunta apropiación de fondos públicos ni el supuesto desvío de ese dinero al entramado empresarial controlado por él mismo y su socio, Diego Torres, en dos de cuyas sociedades figura la infanta Cristina. Antes al contrario, el yerno del Rey sostiene que son las revelaciones periodísticas, y no las investigaciones del juez José Castro y la Fiscalía Anticorrupción, las que están dañando la imagen de la institución monárquica.

La credibilidad de la Corona, bajo mínimos

Pero, en cualquier caso, han sido las intensas presiones del Rey las que han empujado a Urdangarín a dar la cara para tratar de rescatar la credibilidad de la Corona, bajo mínimos desde que estalló el escándalo de sus oscuros negocios. Como reveló El Confidencial, el duque de Palma viajó a Madrid el pasado 11 de noviembre -el mismo día en que hizo público su primer comunicado- para reunirse en secreto con Don Juan Carlos en el palacio de La Zarzuela. El monarca llamó a capítulo a su yerno para que exculpe a la infanta Cristina cuando sea citado a declarar y, sobre todo, para evitar que la investigación judicial sobre sus negocios comprometa a la Corona.

Lo que Urdangarín no aclaró ayer con sus escuetas declaraciones es cuál será a partir de ahora su situación en la Familia Real. La propia Casa Real alimentó esta misma semana la confusión al revelar que sólo los Reyes, los Príncipes de Asturias y las hijas de éstos formarían parte en el futuro inmediato de la Familia Real y desdecirse veinticuatro horas más tarde. Lo que se da por seguro es que Urdangarín, que será citado a declarar como imputado en las próximas semanas, no volverá a representar a la Corona en ningún acto oficial. La última vez que lo hizo fue el pasado 12 de octubre, cuando asistió en Madrid a los actos del Día de la Fiesta Nacional.

Con su declaración de ayer a la delegación de Efe en Washington -donde reside con su familia desde 2009-, Urdangarín da a entender que no habrá nuevos comunicados en el futuro. Al menos no directamente. El duque de Palma señala que el abogado barcelonés Pascual Vives será a partir de ahora "la persona autorizada a hablar en mi nombre".





jueves, 10 de noviembre de 2011

Urdangarín, la corrupción y la Corona

Grave, muy grave nos parece lo que está ocurriendo en relación con Iñaki Urdangarín y su empresa balear Instituto Nóos por unos fondos que parece haber recibido del gobierno balear para fomentar el turismo y los deportes. Pero en lugar de usar los fondos recibidos -2,3 millones de euros- para los fines previstos -unas jornadas sobre turismo y deporte en Mallorca- se alega que esta cantidad no se correspondía con el coste real del evento, por lo que se lanza la sospecha de que en gran parte fueron usados para otros fines.

Lo que sería interesante saber es cuáles habían sido los criterios del gobierno balear para la concesión de estos fondos precisamente a una empresa de un miembro de la Familia Real y no a otra empresa y si todo ello fue resultado de un procedimiento de concurso público, ya que tal cantidad no se puede adjudicar a dedo.

Si se confirmaran las sospechas como hechos ciertos, el asunto podría adquirir cierta gravedad por su alcance inmediato. ¿En qué medida la Casa Real estaba informada sobre los negocios del Duque de Palma con el Gobierno Balear? ¿Cómo se le ocurrió al consorte de S.A.R. la Infanta Doña Cristina utilizar los fondos recibidos para otros fines que no fuera el congreso en cuestión? ¿Qué sabía la Infanta Doña Cristina de todo el asunto? ¿Cuál fue la intervención de Urdangarín en las negociaciones? ¿Supervisió el consorte de Doña Cristina la gestión del proyecto?

Aunque Urdangarín sólo pertenece a la Familia Real por el matrimonio morganático de la Infanta con él, las consecuencias son evidentes, ya que cierta prensa no dudará en poner en el punto de mira a la Casa Real. También existen círculos republicanos muy interesados en el asunto para tener nuevos argumentos a favor de sus planes de acabar con la Monarquía.

Como monárquicos no vemos que la institución monárquica tenga algo que ver con todo ello. Más bien parece tratarse de un negocio que Urdangarín llevó a cabo sin conocimiento del Rey aprovechando su posición privilegiada de consorte de la Infanta Doña Cristina, lo que no es precisamente un punto a su favor. Ya se vio con Jaime Marichalar que hacer negocios con el cuento de ser de la Familia Real puede resultar muy lucrativo.

El asunto demuestra otra cosa: Los matrimonios morganáticos pueden resultar muy dañinos para la Monarquía. El no haberse educado en un ambiente de realeza o alta nobleza suele causar problemas serios, ya que los consortes "plebeyos" o de baja nobleza no están a la altura de las circunstancias, de modo que su nuevo status social les trastorna sobremanera cuando carecen de la educación y los valores adecuados. 

Lo que no nos parece tener fundamento es decir ahora que la Monarquía está en decadencia y que su abolición solucionaría todos los problemas de España. Miremos sólo a Grecia e Italia, ambos países son repúblicas y están inmersas en el mayor desastre económico de su historia, con una clase política corrupta e incapaz de garantizar un gobierno serio y responsable. Una cosa son los gobiernos y otra las Coronas, ajenas a toda lucha política y que carecen de la necesidad de enriquecerse a costa del estado y de los impuestos.

No hay que olvidar que Urdangarín no es la Familia Real. Deberá responder por los hechos en caso de confirmarse como ciertos. La Casa Real haría bien en dejar claro que la Monarquía y la Corona no tienen nada que ver en este asunto, a la vez que debería exigir al consorte de la Infanta Doña Cristina explicaciones públicas sobre el asunto. Sólo la máxima transparencia puede evitar que el asunto proyecte alguna sombra sobre la imagen de una Casa Real que no se ha lucido mucho últimamente.

miércoles, 23 de febrero de 2011

Democracia y moral


Creo que democracia tiene esencialmente un carácter jurídico-formal (así lo tengo por escrito). Por lo mismo me resulta sospechoso el discurso de los "valores democráticos", tan querido a la izquierda intelectual (Habermas, Arent...). Repito mi argumento: la democracia es un mecanismo para que distintas opciones (políticas, religiosas, morales) se articulen mediante normas, siguiendo unas reglas de juego. En este sentido, es más forma que sustancia. Se puede ser demócrata y de derechas o izquierdas, ateo o creyente, casto o promiscuo. Igualmente se puede ser antidemócrata con todos estos apellidos.

Ahora bien, este formalismo jurídico no puede llevarnos a un equívoco peligroso: pensar que la moral es un asunto indiferente, un personaje no invitado en este teatro. Esto hace que cada cual actúe sin principios, acogiéndose simplemente a la vigilancia del aparato judicial y buscando, aunque sea fraudulentamente, el beneficio propio del grupo (partido, clan, aparato). Lo cual -lo hemos comprobado en más de una ocasión- conduce al desastre y a que el sistema haga agua por todos sus poros. Porque, si la democracia es la forma, la sustancia que se asocia a ella, su contenido es la conducta humana actuando para los demás según unos principios; esto es, la moral. Sin moral no hay cosa pública ("res publica" en su sentido antiguo), y mucho menos democracia (una forma reciente y rara de "res publica", más compleja y, por lo tanto, más delicada) que funcione. Si falta la moral, si la corrupción campa por sus respetos y se convierte en una vigencia social aceptada por la mayoría, este tinglado se cae como un castillo de naipes, tiene la consistencia de una carcasa hueca. Porque no puede haber forma sin sustancia.

jueves, 19 de agosto de 2010

Melilla, una Joya de la Corona

Melilla La Vieja
Cuando el 6 de noviembre de 2007 SS.MM. los Reyes de España realizaron su primera visita oficial a la ciudad española de Melilla, habían pasado ya quince años desde que anunciaran dicho viaje a principios de 1992. La recepción por el pueblo melillense fue apoteósica, mientras que por parte del país vecino de Marruecos hubo aireadas protestas contra dicha visita, considerada por las autoridades marroquíes como provocación, lo que constituía una osadía, ya que ningún país puede dictar a un país vecino si su jefe de estado puede o no visitar uno de sus territorios. La tardanza de la visita pendiente desde 1975 sólo respondía al poco coraje de los gobiernos españoles de reafirmar la españolidad de sus enclaves norteafricanos.

Con motivo de la visita anunciada hace ahora 17 años, nuestro socio y diputado por Melilla Don Antonio Gutiérrez Molina escribió el siguiente artículo para Monarquía Europea que no ha perdido su actualidad.

Desde que S.M. el Rey Don Alfonso XIII visitara Melilla, ningún jefe de estado español había puesto sus pies en esta ciudad "colocada en alto, fuerte inexpugnable y cuya construcción hubieran envidiado los amelecitas", tal como nos la presenta el poeta Ben Musa En Reghi, citado por el historiador Fernández de Castro en sus "Apuntes para una historia del Septentrión africano en las Edades Antigua y Media".

SS.MM. los Reyes en Melilla 2007
La reciente historia melillense, la permanente reivindicación del monarca alauí, la propia configuración social de la ciudad, hacía muy necesario este gesto de la Corona de visitar por quien la encarna la ciudad de Melilla.

No pasa desapercibida a las fuerzas políticas la visita de Don Juan Carlos. El Rey, tal como nos dice el artículo 56 de la Constitución actual de 1978, no sólo es el Jefe del Estado, sino que es el símbolo de su unidad y permanencia. De ahí que la visita de S.M. a una tierra como esta, que día a día hace vocación permanente de su unidad a España, tenga la importancia capital de afirmación y permanencia de Melilla a la Corona.

S.M. el Reypasando revista a los Regulares
La relación de Melilla con la Corona española se remonta a los propios orígenes de la ciudad. Entendiendo como origen su incorporación definitiva a Occidente, los reyes de Aragón y de Castilla no desertaron jamás de establecer la españolidad en la costa norte africana.

Fernando III de Castilla preparó la liquidación del reino musulmán surpeninsular. Inició una serie de acciones sobre el norte de África. mandó un ejército al Atlas para auxiliar a las tribus que le debían vasallaje y concertó con los bereberes facilidades para las misiones franciscanas y franquicias para los castellano 
 s de Marraquech.

A la vista de la anarquía del norte de África, el rey castellano preparó un gran ejército para una futura expedición, pero su muerte en 1252 paralizó este propósito.

A comienzos del siglo XIV las tensiones entre el Reino de Castilla y Granada giran entorno al "problema del estrecho".

En el breve reinado de Enrique III se efectuaron también expediciones a las costas de Melilla para reprimir a los piratas.

El siglo XIV y parte del XV es en el Rif trasunto de las vicisitudes de la península. Dicho de otro modo: Lo que en España sucede se refleja en el Rif. Con tal intensidad vive y sufre Melilla la historia medieval de los reinos de España que podemos afirmar que Melilla vive siempre de cara a Iberia y de espaldas a África, porque la Corona, pese a la lejanía física, estaba en su propia historia. Todo lo que sucedía en el continente le era distante y remoto.

En el siglo XV, Melilla se recuperaría definitivamente para la hispanidad.

La reconquista de Melilla -como gusta denominarla en sus obras al Prog. Salafranca- aparece salpicada de ricos acontecimientos. Después de la batalla de Toro, que decidió el triunfo de Doña Isabel de Castilla sobre Doña Juana "La Beltraneja", se concertó en Alcántara y firmó en Trujillo un tratado de par que establecía un reparto de soberanía en el Continente Africano.

Es quizás el primer eslabón des las posterioresempresas de la política africana de Los Reyes.

El 17 de septiembre de 1497 se ocupa la abandonada Villa de Melilla, asolada y derribada antes por sus propios habitantes hartos de ser raziados y molestados por las tropas y mermadas de los Reyes de Fez y Tremicen, pues ambos monarcas se la disputaban como propia de sus dominios.

Monumento a Pedro de Estopiñán
Pese a que Don Fernando el Católico desistió en principio del intento, Don Juan de Guzmán, Duque de Medina-Sidonia, se encamina con la idea primitiva del Monarca Católico de tomar Melilla, y sin pegar un tiro -como se diría hoy- el Contador e su Casa Don Pedro de Estopiñán y Virnes, tomaba en la noche del 17 de septiembre de 1497 la destruida y deshabitada Melilla.

Inteligentemente, los Reyes Católicos hicieron suya la conquista a través de una serie de medidas que rezuman decisión, oportunidad, habilidad y diplomacia:

Felicitan al Duque, le ayudan económicamente, envían dos compañías reales a Melilla. De tal forma que en un plazo no muy corto el señorío ducal se convierte en realengo, tal como convenía a la Corona.

Con los Austrias la relación de Melilla es variopinta y refleja en ella el carácter de los distintos reyes que la conformaron. El 16 de enero de 1556 -por renuncia de su padre Carlos I- sube al trono de España Felipe II, y al poco tiempo, el 7 de junio de 1556, ocurre la definitiva conversión en realengo de Melilla y el Rey "confiere el mismo trato que las demás tierras de nuestros reinos". Aquí se aienta otro peldaño más en la relación y vínculo de Melilla con la Corona.

Esta relación perdura a través de los siglos. Cabe señalar que a la invasión napoleónica, Melilla no reconoce a José Bonaparte y a su representación en las Cortes de Bayona. Constituyeron los melillenses juritas de guerra para sostener al Rey legítimo.

De esa forma, sólo Cádiz, Ceuta y MNelilla se vieron libres de la ocupación napoleónica.

Melilla
Dando un salto en el tiempo, en el año 1909 se produjo un levantamiento de las cábilas del Rif, que atacaron  las posiciones en el Barranco del Lobo ENtre 1909 y 1927 duró la pacificación de la zona en cuyo empeño Alfonso XIII impusló a sus sucesivos gobiernos, debiendo pasar el terrible año de 1921. La Corona se vinculó aún más con Melilla, porque la guerra anudaba aún más la voluntad de unión entre los melillenses y la Monarquía española. Hay que señalar que  tres generales, Margallo, Pinto y Silvestre, perdieron la vida por defender Melilla y su permanente  vinculación a la Corona.

Así llegamos a la época actual.  Todos estos recuerdos comnfiguran la historia viva de Melilla. Por eso, cuando Los Reyes llegaron a esta tierra, los melillenses vieron en ellos la permanencia y seguridad, y de ahí que los acogieron con el alborozo de quienes vuelven a casa.

Antonio Gutiérrez Molina
Diputado por Melilla 

Publicado en Monarquía Europea Nº 3 - Año I - 1992 - ligeramente actualizado para este blog.

sábado, 8 de mayo de 2010

El Rey ha sido operado de un nódulo en el pulmón durante tres horas

Su Majestad el Rey ha sido sometido esta mañana a una intervención quirúrgica para la extirpación y estudio de un nódulo pulmonar en el Hospital Clínico de Barcelona, donde ingresó a las 7.30 horas, según ha informado en un comunicado el Palacio de La Zarzuela. La operación quirúrgica, que empezó a las 9.15 horas y terminó a las 12.15 horas, ha sido realizada por el equipo médico del doctor Laureano Molins López-Rodó. A las 13.15 horas está previsto que el equipo médico comparezca en rueda de prensa. En el Clínico de Barcelona se encuentra la Reina, acompañando a Don Juan Carlos, que podría permanecer ingresado una semana. El Príncipe de Asturias está en Costa Rica, donde representa a España en la toma de posesión de la nueva presidenta, Laura Chinchilla. Con motivo de la operación, la Infanta Doña Elena ha suspendido su participación en una competición hípica en Valencia.

Zarzuela anunció la operación esta mañana mediante un comunicado, firmado por el doctor Avelino Barrós, jefe del Servicio Médico de la Casa de Su Majestad el Rey, que señala lo siguiente: «Con posterioridad al último examen médico anual, realizado a Su Majestad el Rey durante los días 26 y 27 del pasado mes de abril en la Clínica Planas de Barcelona, el equipo médico consideró necesario analizar posibles cambios morfológicos de una calcificación en el pulmón derecho de Su Majestad, ya encontrada en estudios de años anteriores. Debido a ello, el miércoles 28 de abril se realizó un nuevo estudio PET-TAC, que reveló la existencia de un nódulo de 19x12 mm situado en región apical del lóbulo superior del pulmón derecho, que no infiltra pleura, así como la inexistencia de actividad en otras localizaciones. Tras este hallazgo, se constató la necesidad de realizar la extirpación y estudio anatomopatológico de dicho nódulo. Con esta finalidad, Su Majestad ha ingresado esta mañana en el Hospital Clínic de Barcelona, donde está siendo sometido a una intervención quirúrgica por el equipo médico dirigido por el Doctor Don Laureano Molins López-Rodó, quien informará del resultado de la misma oportunamente».

Reunión con el vicepresidente norteamericano
El último reconocimiento médico anual de Don Juan Carlos, que tiene 72 años, tuvo lugar los días 16 y 17 del mes pasado en la Clínica Planas de Barcelona. Según explicó entonces la Casa del Rey, sus resultados fueron "plenamente satisfactorios", sin que se encontraran "alteraciones dignas de mención" respecto al efectuado en abril de 2009.

El reconocimiento consistió "en el estudio por diferentes especialistas de aparato cardio-circulatorio, aparato digestivo, aparato respiratorio, sistema neurológico, génito-urinario, locomotor y órganos de los sentidos, efectuándose las pruebas correspondientes a cada uno de ellos".

Don Juan Carlos mantuvo su agenda de trabajo prevista hasta ayer mismo, cuando recibió en el Palacio de la Zarzuela al vicepresidente de Estados Unidos, Joe Biden, quien se encuentra en España en visita oficial.

El jefe del Estado saludó a Biden con un fuerte apretón de manos y, tras posar para los medios gráficos en el Salón de Audiencias de la Zarzuela, se reunió con el vicepresidente de EEUU en una entrevista que duró unos 50 minutos y en la que trataron las relaciones bilaterales y asuntos internacionales relacionados con Afganistán, Oriente Próximo y América Latina.

Fuente: ABC


viernes, 27 de noviembre de 2009

Trigésimo cuarto aniversario de la Coronación

En el trigésimo cuarto aniversario de la consagración de la Corona, celebrada cinco días después de la Proclamción de Don Juan Carlos de Borbón como Rey de España tras el fallecimiento del dictador General Franco, parece oportuno hacer unas breves consideraciones sobre lo que significa hoy en día este rito religioso.

A lo largo de estos treinta y cuatro años, la religión católica ha sufrido un serio deterioro, igual que muchos de los valores tradicionales de la sociedad española.


Hasta ahora, todas las Monarquías europeas -a excepción de la albana- estaban estrechamente unidas a la fe cristiana, las del centro-sur y del sur de Europa a la Iglesia Católica, las del centro-norte y norte de Europa a la Iglesia Luterana o la Iglesia Anglicana, y las del este y sureste de Europa a la Iglesia Ortodoxa. Pero todas ellas tienen en común su pertenencia a la fe cristiana, y como en el caso de Gran Bretaña la Corona es igualmente cabeza de la iglesia.


Se trata de una tradición heredada de la temprana Edad Media, en realidad de los últimos tiempos del Imperio Romano ya cristianizado. Simbólicamente, aún hoy los Monarcas están sometidos -voluntariamente- a sus respectivas iglesias, lo que justifica las ceremonias de Coronación o Consagración de la Corona por el sumo sacerdote de cada país durante una misa especial celebrada a tal fin.


Aunque hoy en día nos pueda parecer anacrónico un acto solemne heredado de tiempos de la supremacía de la Iglesia Católica sobre el poder terrenal de los gobiernos absolutistas presididos por los Reyes, por medio del cual la Iglesia "legalizaba" el poder real y le infundía la gracia del espíritu santo (la Corona suele simbolizar esta unión entre el Rey y Dios al abrirse hacia el cielo para recibir al espíritu santo), conviene realzar los valores tradicionales de la Monarquía con profundas raíces cristianas. En nuestro caso, en España se sustituyó la Coronación por la Consagración de la Corona al quedar suprimido el acto de la Coronación física en tiempos de Carlos III, lo que hizo al Rey más terrenal y menos sometido a la Iglesia.

Sin embargo, la misma Monarquía parece creer cada vez menos en los valores que representa. Frecuentemente se nos recalca en los medios la "normalidad" de la vida de los integrantes de la Familia Real y su "igualdad" de su condición con el resto de los ciudadanos. Esa idea igualitaria en sí resulta cuanto menos irreal y absurda, pues no todos somos iguales ni podemos ser igualados. Se confunde la idea de la igualdad en derechos y oportunidades con el igualitarismo. No todos los trabajos pueden ser considerados iguales a efectos de productividad y salarios, y tampoco todos los ciudadanos pueden llegar a tener la misma situación social por su sola condición de ciudadanos. Somos iguales en derechos, pero no en privilegios ni en el estatus que podamos alcanzar en virtud del esfuerzo personal o de las circunstancias sociales, económicas o políticas.
Esa igualdad se da, en realidad, sólo en cuanto a la situación legal básica, pero incluso en lo que respecta a la aplicación de leyes, los altos cargos del estado están sometidos a muchas más disposiciones legales que el ciudadano corriente y gozan, por otra parte, de ciertas ventajas, incluso de inmunidad, aunque en este aspecto ya ha habido cambios en el pasado, pero aún así es necesaria la anulación de la inmunidad por el parlamento.

En este sentido, la máxima representación del estado, que en nuestro caso es la del Rey y la Familia Real, no es igual a todos los demás ciudadanos, ya que el Rey y su Real Familia son los primeros ciudadanos del país por su posición y su importancia.


Los Reyes representan, asimismo, el lazo con la historia del país en la que se funda su legitimidad dinástica (han sido pocas las Monarquías electivas y éstas han tenido una duración limitada). Sólo la trayectoria histórica de cada dinastía justifica el carácter hereditario de su acceso a la Corona y garantiza la adhesión del pueblo y su identificación con el Rey. La encarnación del estado en la figura del Rey y, por consiguiente, en la de la Familia Real es lo que hace visible y humano al estado representado en forma de símbolos, ceremonias y una serie de funciones que acompañan las actividades públicas de la Corona y que difícilmente puede alcanzar una república representativa como, por ejemplo, Alemania o Italia.

En este sentido, la Consagración de la Corona tras la Proclamación del Rey debe ser vista como un enaltecimiento de los altos valores de la Monarquía que siempre deberían seguir presentes en la vida política del país y que tan acertadamente recalcó Su Majestad el Rey en su discurso de la proclamación.


Discurso de la Proclamación de S.M. el Rey
Homilía de la coronación del Cardenal Tarancón

martes, 15 de septiembre de 2009

Majestad: Cuando las barbas de Cataluña veáis pelar, poned las Vuestras a remojar

por Pedro Schwenzer

Ahora más que nunca, Su Majestad el Rey está llamado a actuar. Pocas son las competencias del Rey en asuntos políticos, pero ante la ineficacia e inoperancia de gobierno y justicia, lo que parece realmente bochornoso es la actitud de la Casa Real ante los ataques a la unidad nacional del Reino de España.

Con la sanción de la Constitución Española el 6 de diciembre de 1978, S.M. el Rey se comprometió a cumplir y hacer cumplir la Constitución, igual que lo prometen o juran los políticos que acceden a cargos públicos.

El pueblo español espera de su Rey que actúe en situaciones límite. El mejor ejemplo reciente fue la ya famosa exclamación de "¿Porqué no te callas?" ante los insultos graves del dictador venezolano Chávez a España, al que recibe, sin embargo, cada vez que al gorila rojo le apetezca. Aunque se trataba de una salida de tono nada diplomática, se ajustó perfectamente a la situación y fue consecuencia del ambiente tenso de aquella Cumbre Iberoamericana. El exabrupto del Rey tuvo una muy buena acogida en España, mientras que la pasividad y las sonrisitas del ministro Desatinos y y las fantochadas buenistas de Zapatero fueron humillantes.

Ahora resulta que se ha celebrado una consulta popular ilegal en un municipio catalán que inaugurará, sin duda alguna, una serie de otras sesenta consultas para forzar un referéndum sobre la independencia de Cataluña, ya que los separatistas han visto que no actúan ni el gobierno ni la justicia.

Ante esta situación, España necesita un apoyo moral. La política está completamente desmadrada, el gobierno es incapaz y parece carecer de voluntad para trabajar en soluciones que remedien la crisis económica, mientras se dedica a fomentar el desmembramiento del estado. El Rey recibe a dictadores sudamericanos sin venir a cuento, tiranos que le insultan a Él y a España y que expropian a empresas y empresarios españoles afincados en sus respectivos países.

El Rey se echa risitas con ellos al recibirlos en el Palacio de la Zarzuela. Y se queda callado ante el atentado que supone la consulta popular celebrada este domingo pasado en Arenys de Munt.

Es hora de que S.M. el Rey haga cumplir la Constitución, sobre todo a la vista de que ni el Tribunal Constitucional está por la labor. Urge que S.M. el Rey llame la atención a los políticos para que actúen con serenidad y empleando la razón. Estas dejaciones de funciones no pueden continuar.

Es hora de que el Rey se afeite ya este reducto de barba castrista y ponga las cosas en su sitio. Si quiere conservar la adhesión popular a la Monarquía, es imprescindible que se deje de recibir a dictadores incultos y se dedique en cuerpo y alma a España. Una palabra del Rey puede valer más que un millón de palabras huecas de Zapatero.

viernes, 26 de diciembre de 2008

Misiva Navideña de S.M. el Rey de España





A
diferencia del año pasado, esta vez el mensaje navideño de S.M. el Rey ha tenido un contenido de mayor calado, auqnue se limitó básicamente a tres cuestiones:

"Un año 2008 intenso en acontecimientos, del que quisiera detenerme en tres asuntos de especial relieve, como son el Treinta Aniversario de la Constitución; la lucha contra el terrorismo; y la crisis financiera y económica generalizada que atravesamos."

Nunca está de más enfatizar que gracias a nuestra Constitución, "España ha vivido por primera vez treinta años de democracia plena, que coinciden con los de mayor progreso y modernización en nuestra Historia", un hecho que demasiados políticos pasan por alto -intencionadamente- para crispar a la población y exigir una reforma constitucional que ni interesa a la mayoría del pueblo ni es necesaria. "Por eso," -sigue el Monarca- "estos treinta años de Constitución deben servirnos, no sólo para felicitarnos por lo mucho conseguido, sino sobre todo para llenarnos de energía y de confianza en nuestra capacidad de presente y de futuro para seguir avanzando como gran Nación." Estos apuntes, que S.M. el Rey hace todos los años, son importantes, porque la Constitución se redactó precisamente por el deseo del Rey de democratizar España y dar al país un marco legal que garantice estabilidad y continuidad. Él mismo se considera, no en vano, guardián de la Constitución, mientras que bastantes políticos, a pesar de haber jurado filedidad a la Constitución, sólo piensan cómo pueden acabar con ella y eluden su aplicación en todo el territorio nacional.

Es precisamente esa "capacidad para resolver problemas y alcanzar nuevos objetivos con sentido de Estado. Para engrandecer y rejuvenecer día a día nuestra vida colectiva, llenando el corazón de nuevas esperanzas a todos los españoles, mediante planteamientos integradores y solidarios." Una capacidad que la clase política actual parece haber perdido, por lo que S.M. el Rey hace bien en recordar de lo que fueron capaces al redactar la Constitución. En este sentido hace un llamamiento a que "debemos promover una cultura política de ilusión, unidad y responsabilidad, que despierte en todos, jóvenes y mayores, un renovado interés por los asuntos públicos, favoreciendo el mejor conocimiento de lo que nuestra Constitución representa para nuestra convivencia y nuestras vidas", pues no hay que olvidar que tenemos

"Una Constitución que, construida sobre la concordia y el consenso, el respeto mutuo y la tolerancia, recoge las mejores conquistas de toda democracia avanzada, articula nuestra diversidad territorial, y asegura nuestra estabilidad y progreso.

Sus reglas, valores y principios, son hoy nuestra principal fuente de fortaleza como Nación moderna, unida, solidaria y diversa, pues a todos nos guían y amparan para seguir avanzando en paz hacia nuevas metas."
Después de enumerar los altos valores de la Carta Magna española, el Rey pasó a hacer mención, como prácticamente todos los años, del problemna del terrorismo, que no puede tener cabida en una sociedad democrática, libre y plural como la española, que de forma masiva rechaza su existencia y condena sus actos, y así recordó que "vienen especialmente a mi memoria en estas fechas navideñas los nombres de todas y cada una de las víctimas del terrorismo, cuyos familiares están marcados por un dolor que en estas horas siempre rebrota con profundidad e indignación."

El terrorismo sólo sigue teniendo relevancia en la política nacional por dejación de los que nos gobiernan, por haber ayudado a la banda terrorista y sus brazos políticos para reafirmarse en sus propósitos y llevar a cabo unas "negociaciones" sin legitimidad alguna, por la mera acción violenta e intimidadora que ha hecho que el algunas provincias españolas no se pueda vivir en plena libertad y sin poder expresar libremente las opiniones por tener que temer ser perseguido y amenazado por los que no aceptan el orden constitucional. La Familia Real siempre ha estado al lado de las víctimas del terrorismo, como es lógico y natural, pero no está en sus manos tomar las medidas para evitar futuras desgracias. Eso sí, S.M. el Rey siempre cumple con su deber de recordar a las autoridades de turno que hagan todo lo posible por resolver esta situación anormal.

Después de agradecer a "las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, a nuestras autoridades policiales y judiciales, así como a las de Francia," los importantes esfuerzos hechos para acabar con el terrorismo, dijo estar "convencido de que, con unidad, voluntad y determinación, el final del terrorismo estará cada vez más cerca."

Y, finalmente, se refirió a la crisis económica manifestando que "más allá de la frialdad de las cifras, me preocupan muy especialmente las numerosas personas que en nuestro país han perdido su empleo. Me preocupan sus familiares y tantos jóvenes que no encuentran trabajo. También cuantos ven amenazados o truncados sus proyectos y aspiraciones", aunque no esté en manos del Rey remediar esta situación, sino del ejecutivo y de las empresas, una crisis de dimensiones internacionales que hace necesarios "los esfuerzos de nuestras autoridades nacionales, europeas e internacionales por corregir desajustes y adoptar medidas que, con el diálogo y la colaboración de nuestros agentes económicos y sociales, deben centrarse en recuperar la confianza, en respaldar la actividad diaria de nuestro tejido productivo, y llegar a nuestras familias y ciudadanos".

En relación con esto recuerda que los objetivos a alcanzar "requieren del concurso y del empeño del conjunto de nuestras fuerzas políticas, económicas y sociales"porque "juntos podremos vencer problemas y dificultades si actuamos con realismo, rigor, ética y mucho esfuerzo, anteponiendo siempre el interés general sobre el particular, buscando acuerdos y soluciones con generosidad, responsabilidad y amplitud de miras".

Esta cooperación entre todos realmente no existe en el ámbito político, sobre todo cuando el gobierno socialista se dedica más a poner todo tipo de trabas a aquellas comunidades autónomas que están gobernados por el Partido Popular, donde sí se hacen muchos más esfuerzos por consolidar medidas que garanticen estabilidad y crecimiento de la economía y del empleo.

Es la inteligencia que falta a algunos y que anteponen intereses de partido o de tipo ideológico, pues acierta el Rey al decir que "despleguemos con inteligencia y tesón nuestra bien probada capacidad de superación, tirando del carro en la misma dirección, aportando cada uno su grano de arena".

Evidentemente, "no hay recetas mágicas. Para volver a crecer de forma sostenible, necesitamos más eficiencia y competitividad, más innovación tecnológica, y elevar la educación y preparación de nuestros jóvenes, cuyo compromiso con la sociedad es un activo insustituible".

Otro punto que preocupa a muchos es que España ha perdido relevancia en el ámbito internacional, "por eso, hoy más que nunca, importa el papel internacional de España, de nuestras instituciones, empresas y profesionales, para asegurar nuestro crecimiento, bienestar y seguridad".

"La acción exterior debe ser lo más consensuada y coordinada posible, dirigida a fortalecer posiciones en la Europa a la que pertenecemos, preparando desde ahora la Presidencia española de la Unión Europea en 2010", algo que el gobierno del señor Rodríguez Zapatero parece olvidar, como también olvida que favorecer lazos con regímenes no precisamente democráticos contraviene los intereses europeos. Miedo me da lo que pueda hacer durante esa presidencia europea en 2010, así que no está mal que el Rey recordara este punto tan importante. En en este contexto resalta titular de la Corona:

"También debemos dar un nuevo impulso a nuestras relaciones con los Estados Unidos, intensificar nuestros sólidos vínculos con Iberoamérica y con el Mediterráneo, y mantener nuestra proyección en África y Asia, junto a nuestra cooperación con los países menos favorecidos."

S.M. el Rey no se olvida tampoco de mencionar otros temas serios y urgentes:

"Por otro lado, no olvidemos que junto a los progresos que vamos acumulando se plantean situaciones y problemas sensibles que a todos nos incumben y requieren de la dedicación y coordinación de autoridades, instituciones y sociedad civil. Cada año recuerdo algunos de ellos, como la discapacidad, las graves enfermedades, la drogadicción, la violencia de género o los accidentes de tráfico."
"Aseguremos asimismo los derechos humanos, la dignidad y la igualdad de las personas, sin discriminación por razón de ideología, raza, creencias o sexo."
Finalmente, el Monarca quiere animar a todos no perder las ganas de trabajar por mejorar la situación: "Hemos logrado salir adelante con fuerza de otros periodos complejos y reemprender el camino aún con mayor dinamismo."

España es un país que merece el orgullo de sus ciudadanos y cuya trayectoria de los últimos 30 años justifica poder estar "satisfechos de lo que somos, de nuestros esfuerzos, de muchas realizaciones y nuevos éxitos, incluidos los deportivos tan abundantes en este 2008".

Para terminar llama tres veces a la confianza:
  • "Confianza en la labor y solidez de nuestras instituciones, en la capacidad de nuestros empresarios, profesionales y trabajadores, así como en la indudable mayor preparación y empuje de nuestros jóvenes.
  • Confianza en la fuerza creativa de nuestra cultura rica y diversa, en la capacidad de nuestros centros docentes y de investigación, o en el creciente peso del español en el mundo como segunda lengua de comunicación internacional.
  • Confianza, en suma, en todos y cada uno de los hombres y mujeres que, día a día, desde los distintos rincones de España, la hacen crecer y mejorar con su honrado trabajo y admirable empeño."
En resumen, ha sido un discurso de llamamiento a la unidad y la sensatez, la cooperación entre instituciones y fuerzas políticas y económicas y la confianza en el futuro para que no decaigan los ánimos y resulten inútiles los esfuerzos por superar la crisis y los problemas actuales. Ha sido un discurso perfectamente enmarcada en el papel moderador de la Corona con mensajes claros a los responsables políticos. Gracias, Majestad, y Feliz 2009.

El discurso completo aquí.