Aún más lamentable son filtraciones en toda la fase
de instrucción y que la instrucción lleve ya casi 3 años sin que se
haya llegado a celebrar ningún juicio. Como dijo muy acertadamente el Jefe de la Casa Real, esta prolongación inusitada de la fase de instrucción sin celebrar juicio es un martirio - y lo es no sólo para la Casa Real, sino para toda la sociedad. El juez parece prolongar aposta
un procedimiento que debería ser bastante más corto. Pero la Justicia en España nunca se ha caracterizado por su rapidez y eficacia, mientras contrasta mucho con los sistemas judiciales de otros países donde no es normal que algunos jueces se hagan célebres por sus actos, caracterizados en algunos casos por unas tendencias políticas concretas. No es normal, desde nuestro punto de vista, cómo se ha desarrollado la
instrucción, con continuas
filtraciones, curiosamente siempre al mismo periódico. Filtraciones que
casualmente tampoco se han investigado; ha habido reuniones del juez con la abogada de la
acusación particular, grabadas y publicadas por un medio de comunicación que
cuestionan seriamente la imparcialidad de la instrucción; publicación de
correos electrónicos impresos en papel que nada aportaban al núcleo duro de las
investigaciones, pero que servían para destruir la imagen de la Infanta y su
entorno familiar y que el juez dio por buenos sin molestarse en investigar el
soporte informático de los mismos, etc., etc.
En este tema, muchos periodistas,
políticos, autodenominados expertos y ciudadanos en general, dan por sentado
que hay presiones para que la Infanta salga indemne, pero todos dan también por
sentado que no hay esas mismas presiones en sentido contrario y dan por buena
esa “curiosa” instrucción del caso. Aceptan y aplauden
entusiasmados al juez, que parece tener tan claro el papel de la Infanta, que
necesita más de 200 folios para intentar justificar su postura, aplauden que la
imputación solo esté sustentada por la opinión subjetiva del juez, el sindicato
ultraderechista Manos Limpias, cuyas caras visibles son Miguel Bernard, ex líder
del desaparecido Frente Nacional e imputado por coacción y estafa como recoge hoy ABC; la
abogada del mismo sindicato, Virginia López, que fue pillada de copas con el juez
Castro, y el mismo medio de comunicación beneficiado con las filtraciones y
cuyos titulares de prensa sobre el caso están más cerca del sensacionalismo que
de la información.
En cambio, se critica muy duramente,
se ven tejemanejes y presiones tras la decisión del fiscal del caso, de la
Fiscalía General del Estado, de la Abogacía del Estado y de Hacienda al rechazar la imputación. Se da más credibilidad a un juez que hasta ahora sólo
se ha movido entre indicios y suposiciones, a un ultraderechista imputado por
estafa y a su abogada y a un medio supuestamente independiente que a organismos
e instituciones como los mencionados.
Lo más llamativo es la falta de criterio al tratar los diferentes asuntos y el aparente desconocimiento del funcionamiento y la composición de muchas instituciones. Monarquía
significa "gobierno de uno", lo que aplicado a los tiempos presentes se podría traducir con "reinado
de uno". Es decir, la Monarquía no la representa una multitud (toda una
Familia Real), sino el Rey y nadie más que el Rey.
La ventaja de la
Monarquía es que la familia del Rey puede asumir la representación de
éste si así lo decide, pero eso no cambia nada respecto de la
titularidad de la Corona, que corresponde a UNO, no a todos. La Reina y las hijas
del Rey forman parte de la cara visible de la Monarquía, pero ellas no son
la Monarquía. Los consortes de las infantas ni siquiera son
representantes auténticos de la Familia Real, son anexos irrelevantes de
la Familia Real sin llegar a ser realeza.
Vimos muy bien cuál es el
diferente trato que recibe el Rey como titular de la Corona y jefe de
estado y cuál es el trato que recibe el Príncipe Heredero. Cuando el Rey
no pudo asistir a la Cumbre Iberoamericana se dijo claramente que el
Príncipe no podía sustituir al Rey como jefe de estado. Entre otras
razones el problema reside en que no hay Ley Orgánica que regula el
funcionamiento de la institución monárquica, y al ser el Rey el único
representante legítimo de la Monarquía Española (= del estado), sus
funciones no pasan automáticamente a otros miembros de la Familia Real,
ni siquiera al Príncipe Heredero. De hecho, vimos que Don Felipe
representó al Rey en la Cumbre Iberoamricana, pero sólo en algunos
actos, no como jefe de estado, mientras tuvo que complementar su viaje
con otros actos representativos de tipo cultural o económico. Por lo
tanto, si ni siquiera el Príncipe puede asumir las funciones del Rey,
menos aún lo pueden hacer las Infantas, por mucho que estén en la línea
de sucesión (lo que de por sí no significa más que un más hipotético
que efectivo derecho a suceder al Rey si faltasen todos los sucesores
intermedios. Consecuentemente, no se puede confundir la Monarquía con la
Infanta Doña Cristina. La Monarquía es el estado y al estado lo
representa el Rey como jefe del estado.
Por consiguiente, los negocios
del consorte de la Infanta los hizo un particular que hizo mal uso de su
posición privilegiada y de los contactos que esta posición le permitía
establecer gracias a su matrimonio con una hija del Rey. Los negocios no
los hizo el Rey (la Corona) ni la Monarquía (el estado).
Y sin venir a cuento, se especula constantemente sobre una eventual abdicación del Rey, que evidentemente se quiere poner en relación con el asunto Urdangarín, como si se estuviera deseando desestabilizar a la Monarquía para echarle toda la culpa de todos los males que sufre España, cuando estos males son responsabilidad única y exclusiva de la clase política gobernante y que en nada cambiarían si se acabase con la Monarquía, que es la única garantía de mantener la unidad nacional, la estabilidad política y el prestigio internacional que la clase política ha ido arruinando legislatura tras legislatura.
Por más que
algún político y periodista se emocione o se frote las manos pensando en la
abdicación del Rey o la caída de la Monarquía, ésta seguirá, porque la opción
republicana tiene una historia muy negra por más que ahora esté de moda manipular
aquel período histórico para pintarlo de rosa, pero que en realidad tuvo mucho
de terrorífico y poco de democrático y que nos llevó a una guerra civil y a una
dictadura. Si el Rey aguantó en la Transición entre la extrema derecha, la
extrema izquierda y la crisis económica, hoy hará lo mismo y mejor, porque
cuenta con el Príncipe, un hombre muy preparado, mientras nuestra clase
política oscila entre la mediocridad, la falta de sentido de Estado y la
estulticia.